sábado, 27 de agosto de 2011

Espera...

   Aquí les dejo un poema escrito por El Príncipe en sus días de mayor esplendor, sintiendose más vivo y más pleno que nunca. Se dice que en esos tiempos estaba ciegamente enamorado de una jovencita que le arrebató el corazón y lo abrigó en sus brazos. El desenlace de la historia, como todas las de la vida de nuestro protagonista, es atróz. La jovencita se fue y se llevo consigo el corazón del desdichado. Pero esa plenitud y vida de esos momentos nunca se olvida.

En la eterna espera de las almas,
Sobre los infinitos campos de la incertidumbre,
Con tus besos colgando,
Tu mirada perdida,
Ahí te esperaré.

Con los árboles caídos,
Entre el oscuro caoba de tu pelo,
Donde los vientos se lo llevan todo,
Viviendo nuestras vagas tardes,
Ahí te esperaré.

Mientras que pasen
Las noches de luces y colores,
Las ondas de los otros,
Mis tontos tropiezos,
Tus furiosos silencios,
Yo te esperaré.

Con nuestra esquina
Cayendo a pedazos,
Con nuestros labios distantes,
Llamándonos entre el silencio,
Sabiendo de nuestros corazones,
Yo siempre te esperaré.

La Venganza será concretada...    El Príncipe



lunes, 22 de agosto de 2011

Ese sentimiento

   Una de las cosas que más ha valorado y sufrido El Príncipe a lo largo de su vida es el amor. Lamentablemente y gracias a Dios, todas sus aventuras amorosas quedaron estancadas en la nada y a nuestro protagonista con un dolor bastante profundo. Siendo él víctima de su corazón, también supo disfrutar y alegrarse durante sus besos con cada una de las afortunadas que pasaron por sus brazos. De todo esto pudo lograr una reflexión que, fiel a sus costumbres, la plasmó en un papel. Sin más, el pequeño aporte aquí detallado.


    ¿Qué es lo que nos hace sentir atraídos por otra persona?; ¿Qué es enamorarse de alguien?; ¿Qué es sentimiento, tan fuerte, tan ciego y tan fuera de la lógica, llamado amor que nos obnubila y nos hace actuar de la forma menos racional posible? Estos son algunos de los interrogantes que están atados y escondidos dentro de cualquier relación amorosa entre dos individuos. A continuación se tratará de instruir al jóven enamorado sobre las dicotomías que genera este sentimiento tan particular, al que se le suele reprochar el derrame de una buena cantidad de lágrimas y la falta de finales felices.
    “Una relación con pasión entre dos personas con una influencia muy importante en sus relaciones interpersonales y sexuales mutuas” es la manera de definir al amor según la Real Academia Española. Aunque la definición realizada por el ente académico cuente con presición, no es la más acertada. Las explicaciones más correctas del sentimiento fueron hechas por artistas y escritores. La razón de esto es porque ellos están ligados directamente con los fracasos, desalientos, crisis y vueltas de cara que les propuso el amor. Y aquí se presenta la primera dualidad acerca del sentimiento en cuestión: el amor se siente más intensamente cuando la pareja no está presente, ya sea porque todavía no ha llegado a nuestras vidas o porque se ha producido una pelea irreversible o no. Ya que la fuerza del afecto hacia otro se siente más cuando ese otro no esta, cuando sabemos que la otra mitad no nos acompaña o que estamos próximos (si es que alguna vez la tuvimos) a perderla. Luego de la separación, nos topamos con otra de las contradicciones de este sentimiento pasional: el recuerdo de los momentos de felicidad y diversión con nuestro/a compañero/a. Debido a que estos están cargados de nostalgias y de una bolsa grande de lágrimas difícil de contener. Esto sucede porque básicamente el amor es vivido através de los recuerdos, y cualquier acto amoroso pasado, ya sea un primer beso, el inicio en la sexualidad, una simple sonrisa o una tarde en una plaza, hace sentir a la persona incapaz de volver a vivir eso con nadie más y la reduce a la tristeza. Luego de los llantos, los recuerdos empiezan a mostrar su lado más cruel para con la otra persona y el amor se va convirtiendo poco a poco en odio. Nuestro cerebro dejará funcionar su lado de hipocresia haciéndonos creer que las confrontaciones con nuestro/a compañero/a eran por su culpa y que lo mejor será la indiferencia e independencia del amor a partir de este momento. Pero no se confunda con estos pensamientos, porque como reza Blaise Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no comprende”, esos recuerdos difícilmente estén acertados si un verdadero sentimiento de amor se fundió entre dos personas. Habrá que analizar más en frío la situación y saber que en una relación hay dos parte involucradas. A pesar del pesimismo de las desventuras de nuestra sensación en cuestión, hay que saber que el amor es algo hermoso y es por eso que nuestra última cuestión a tratar es el arte del enamoramiento. Las razones por la que una persona se enamora de otra son hasta ahora inciertas. Mucho se ha hablado de un aparente “amor a primera vista” que es el inmediato “flechazo” al ver a una persona por primera vez. También se ha estudiado al dicho afecto desde la amistad, tildando de imposible que exista entre un hombre y una mujer, por lo propenso que esta ésta a convertirse en un amorío. Lo cierto es que cuando un amor se vuelve exitoso, es decir, el afecto es recíproco, para el afortunado, todo el universo se le tornará color de rosa. Y ya no le importará que pase en el mundo, si sabe que su “media naranja” se encuentra bien. Cada hora se pensará en la otra persona, esperando para verla y saber que está. Porque el amor triunfa con tanto éxito por sobre los otros sentimientos, que el enamorado solo le basta ver a la persona y saber que está, que existe y que el sueño de una eternidad junto a ella es posible.
    Como conclusión queda decir que la sensación de amar y ser amado es más valiosa que cualquier riqueza en el mundo. Y si se vivió en algún lugar, alguna vez un amor, seguramente este fue inolvidable.


“El amor es todo aquello que dura el tiempo exacto para que sea inolvidable”
Mahatma Gandhi 


La Venganza será concretada...  El Príncipe



miércoles, 17 de agosto de 2011

Jules Gabriel Kerry

    El Príncipe tuvo siempre como principio básico el valor de la amistad. Durante muchos años la luz de ese sentimiento lo hizo avanzar e imaginar que algún día iba el mundo a ser mejor para su estadía. A continuación, les mostraremos un cuento en donde El Príncipe toma la historia de amor de un gran amigo y la hace ficción.


Jules Gabriel Kerry


   Jules Gabriel Kerry nunca antes había imaginado poder enamorarse. Su corta vida no le había dado ni tiempo ni oportunidad para ese tipo de asuntos. Las continuas mudanzas de pueblo en pueblo hacían que ni siquiera cuente con algún amigo. Desgraciadamente, su aspecto y forma de ser tampoco ayudaba a los niños comunes y corrientes a  querer acercársele. Y Jules, definitivamente, no era como “los niños comunes y corrientes”. Por empezar contaba con una apariencia bastante peculiar. Sus gafas gruesas y pelo color negro desordenado lo hacían ver algo estúpido, sin contar con las pecas que le llegaban casi al cuello. Su baja estatura y andar encorvado y cansino invitaban a los otros chicos a fastidiarlo y burlarse de él a cada oportunidad que se les presentaba. Los ojos de Jules, se decía, que nunca antes habían expresado algún sentimiento que tenga que ver con la felicidad. Y esto tenía una razón: Jules Gabriel Kerry era incapaz de sonreír. Esta rareza  fue tratada por cientos de doctores, los cuales, persignados, le atribuyeron el mal a un problema hormonal y/o cerebral. La incapacidad del niño condicionaba su forma de vivir y, poco a poco, la felicidad se convirtió en un karma para él y comenzó a temerle. Sin embargo, Jules había encontrado en la historia de un hombre varios hechos que le llamaban la atención. Este hombre era Liev Tolstoi, que lo cautivó con su vida aventurera y su bondadosa forma de ser. En las historias de Tolstoi y en sus ideales era en donde Jules encontraba refugio.
   La próxima locación de la familia Kerry sería la mítica ciudad de Canterville-Chase, en donde el legendario fantasma Otis soñaba con la hermosa Virginia. Las mudanzas continuas de la familia Kerry se sucedían debido a que Samuel Kerry, el padre de Jules, perdía su trabajo constantemente, y esto hacía que cada vez que lo echaban a Samuel, la familia debía mudarse a otro lugar para que el padre pruebe suerte. Con sus 15 años Jules debía seguir estudiando para convertirse en un abogado de renombre, como siempre lo soñó su padre. Entonces se inscribió en la única escuela de Canterville, para terminar su secundario, llamada South Canterville High.
   En la casa, Jules no recibía el mejor de los tratos. Su hermano mayor lo perturbaba en todo momento con una sonrisa gigante que él mismo había dibujado. Entonces asustaba y corría al pobre niño por toda la casa, sin hacerle caso a los llantos del mismo y burlándose por su cobardía. Los padres no hacían nada al respecto, debido a que respetaban al hermano mayor, por haber servido al ejército por 6 meses. Así es que, en el hogar, el hermano mayor de Jules debía ser tratado como un héroe de la patria.
   Jules comenzó las clases con el miedo que lo caracterizaba y no se acercó a hablarle a nadie. Cuando un joven se acercó a preguntar por su nombre, lo espantó apenas con la mirada y con una respuesta taciturna. Al cabo de dos semanas Jules ya era el hazmerreír de toda la escuela. Los otros niños golpeaban y burlaban a Jules sin importarles lo que él sentía, porque al fin y al cabo, señalaban ellos, el chico no podía sentir. El joven Kerry no les hacía caso, pero en el fondo le molestaban esos ataques, el ver a todos los demás reírse de él, le causaba temor. Lo que lo asustaba a Jules eran esas risas y sonrisas que nunca jamás iban a ser suya, que nunca le iban a pertenecer. Fue en el transcurso de las dos semanas iniciales que Jules notó una presencia encantadora y perturbadora al mismo tiempo. Esta presencia era una niña que, él había notado, no se reía cuando los otros niños lo hacían. La joven se llamaba Sofía, como la esposa de Tolstoi, detalle que Jules no pasó por alto. Tenía unos ojos azules que transmitían despreocupación  y felicidad a quién los mire. Su sonrisa era perfecta para una pintura y contaba con un pelo color miel que para el joven era el más bonito del mundo. Jules no se atrevió a mirarla más de una vez ese día. Le causaba miedo su felicidad constante. Pero había algo en ella que él desconocía que lo hacía buscarla cuando ella no estaba, que lo hacía pensar en ella constantemente.
   Un día de otoño frío y desolado, como cualquier otro día en el pueblo de Canterville, fue que ocurrió. Dicen que ese día el viento sopló como nunca había soplado en años y que por un momento se creyó que el mítico pueblo se iba a volar. La mañana comenzó como era previsto para Jules, fue recibido con abucheadas y maltratos en la puerta de la escuela. Pero, a esas risas, él no las sintió. De pronto, para el joven todo el mundo se desaceleró, los ruidos comenzaron a callarse y los niños que estaba ahí comenzaron a desaparecer. En ese momento fue cuando la vio parada al final de las escaleras de la puerta principal de la escuela con los ojos clavados en él. Ella estaba esperándolo, y el lo entendió todo. Fue hacía donde ella estaba y la miró a los ojos. Fue en ese instante que no importó más que las palabras dulces de ella, sus manos tomadas y la sonrisa de Jules que llenaba su cara.

La Venganza será concretada...  El Príncipe...